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La cereza procede de Asia Menor, de la zona comprendida entre el mar Negro y el mar Caspio, donde aún se encuentran variedades silvestres.

La cereza es el fruto del cerezo, árbol de la misma familia botánica que otras frutas igualmente sabrosas como el melocotón, el albaricoque y la ciruela.

Muy bajas en en grasas y proteínas, la cereza es abundante en hidratos de carbono (un 13% de su peso), sobre todo fructosa; aunque su aporte calórico (59 calorías por 100 g) es medio.

Se trata de un fruto pequeño de color rojo o negro, más o menos intenso, dependiendo de la variedad de que se trate y de su madurez, que alberga un hueso duro en su interior. Su pulpa es jugosa y de color variable, desde el amarillo o crema hasta el granate intenso.

Podemos aproximar unas 1.000 variedades e incluso más. En España se cultivan infinidad de variedades de cereza, destacando en cuanto a producción las provincias de Alicante, Castellón, Barcelona, Zaragoza, Navarra y, la comarca del Jerte, al norte de la provincia de Cáceres.

En cuanto a su aporte nutricional, las cerezas aportan pocas calorías, sólo 58 kcal por 100 g. Presentan un alto contenido en vitaminas, sobre todo vitamina A y vitamina C, y también hidratos de carbono, calcio, potasio y magnesio. La fibra que contienen les confiere un carácter laxante y depurativo del organismo.

Unos consejos muy útiles para su compra y conservación son los siguientes:

Antes de adquirirlas hay que asegurarse de que estén en su punto óptimo de madurez. Hay que elegir aquellas que resulten pesadas, de piel brillante, consistencia firme y tallo verde y fresco. Lo más recomendable es consumirlas enseguida. Se deben guardar en el frigorífico, no lavándolas hasta el momento en que vayan a consumirse ya que tienen tendencia a formar moho. También hay que evitar ponerlas cerca de otros alimentos que despidan un olor intenso ya que suelen absorber fácilmente los olores.

Para finalizar, añadir que las variedades dulces son ideales para consumirlas al natural y así poder apreciar mejor su sabor y aprovechar sus ventajas nutritivas, aunque también resultan excelentes para preparar mermeladas, confituras y adornar pasteles o tartas.

Las variedades más ácidas, como las guindas, resultan muy adecuadas para cocinar, preparar salsas, sorbetes, en confitería y para la elaboración de conservas y mermeladas

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